Marc, su vida y sus palabras, a raíz del cáncer que le diagnosticaron, han inspirado la creación de este blog. Este es un espacio para compartir testimonios, lecturas, reflexiones y comentarios entorno a la vida y la muerte, la esperanza, la enfermedad, los duelos, las oportunidades… que puedan servir de consuelo, aliento y estímulo.
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Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados…

octubre 15th, 2014 | Posted by adminblog in Uncategorized

Me siento profundamente cansado y agobiado; por eso este Evangelio es para mí como un bálsamo. Estoy cansado de los efectos secundarios del tratamiento, que son como una ‘gota malaya’. Los granitos y los picores me acompañan siempre, como una alarma que se dispara constantemente y no la puedes parar. A ratos me pasa que no me acabo de reconocer y, sin embargo, soy exactamente yo, sólo que desdibujado o, mejor, bajo los efectos de una luz desconocida.

Por eso, ahora que empiezo los Ejercicios Espirituales, suplico que entren en mi oración los “sencillos”. Me encomiendo a ellos. La mujer que lava los pies de Jesús con sus lágrimas y los seca con sus cabellos, quiero que sea mi intercesora. Quiero alabar y servir al Señor como lo hizo ella. ¿Qué fácil sería mi sanación si viera el mundo y las personas con sus ojos?

Me siento anímicamente tan lejos de los “sencillos”, Señor. Tengo demasiado títulos, sermones, méritos, proyectos, alabanzas … para presentarme ahora vacío de todo esto. Has dejado que se me hinche demasiado el currículum y no le has enseñado bastante a mi ego a desinflarse. No sé alabarte sin un mínimo de medios y de prestigio. No sé reverenciarte sin el mínimo de perspectiva que da la altura. No sé servirte sin guantes. No sé sonreir sin tener nada en los bolsillos. No sé presentarme como tú, «montado humildemente en un asno, en un pollino de asno. »(Za 9,9-10)

Por eso me resulta tan urgente encomendarme a los “sencillos” que te conocen sin utilizarte. En esta nueva etapa de mi vida, ayúdame a ceder el paso a los demás sin retirarme, a apoyar, a hacer compañía, vigilar la retaguardia. Ayúdame a pasar a segunda línea sin bajar los brazos y rebajar los ánimos. Ayúdame a servir en silencio, sin afectación. Ayúdame a no ser una carga para los demás, ni motivo de tristeza o causa de penumbra. Te lo pido a Ti, Señor, que no pones los ojos en cualquiera, sino en «el humilde y abatido que se estremece al oír tus palabras. »(Is 66,1-2)

Marc Vilarasau, 1 de juliol de 2011

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